Próxima frontera en Internet: la ‘nube’

Amazon es el gigante en cabeza para hacerse con el negocio del almacenamiento de datos, valorado en 136.000 millones

GUILLERMO ALTARES Madrid 17 MAY 2015 - 00:00CEST

Internet está en las nubes. En el sentido literal. La vida cotidiana en la Red de cualquier usuario que escuche música en Spotify, envíe un mensaje de WhatsApp o de una empresa que maneja millones de megas depende cada vez más de servidores remotos que almacenan y procesan una cantidad ingente de información: la nube. Ya sea el Barça para gestionar una venta que se dedica a la nubeAmazon Web Services (AWS), que le ha generado unos ingresos de 4.400 millones de euros en 2014, con un crecimiento interanual del 50%. Para The Economist, estos datos demostraban que "la nube ha alcanzado la mayoría de edad".

12/05/2015

 Cuota de Formación Profesional y plantilla de las empresas - Actualización

Actualización de los datos de cuota de formación profesional y plantilla de las empre
sas
 
 
 
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El día 12 de mayo se ha actualizado la información relativa a la plantilla media de trabajadores del año 2014, la cuota de formación profesional y las cuentas de cotización facilitadas por la Tesorería General de la Seguridad Social (TGSS), así como el recálculo de los costes relativos a la formación, cuyo inicio se haya comunicado a partir del día 24 de marzo (incluido), en cumplimiento de las modificaciones introducidas en el Real Decreto-ley 4/2015, de 22 de marzo, para la reforma urgente del Sistema de Formación profesional para el Empleo en el ámbito laboral.

Si los datos de cuota y plantilla aparecen pendientes de validar y la empresa no es de nueva creación en el ejercicio 2015, puede tratarse de un error en la mecanización del CIF o cuenta de cotización o bien que la empresa haya sufrido algún cambio societario. 

Si su empresa ha sufrido un cambio societario deberá acreditarlo ante la Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo, con el fin de que los datos de cuota y plantilla se asignen correctamente.

En el buzón de notificaciones disponible en la aplicación informaremos de las incidencias detectadas en la actualización de datos de la TGSS con el objetivo de que sean subsanados lo antes posible.

 

 “El ‘big data’ puede usarse contra ti”

El experto advierte de que los grandes volúmenes de datos pueden descubrir patrones "que ninguna información individual revelaría"

JOSÉ MANUEL ABAD LIÑÁN Madrid 12 MAY 2015 - 16:25CEST

 

Estudió en Cambridge, se doctoró en Harvard, dirige un instituto en Oxford. Philip Evans, experto en ciberseguridad y grandes volúmenes de datos, nació en 1950 en Plymouth (Reino Unido), el escenario de uno de los episodios cruciales de la Armada Invencible, que Evans menciona con ironía para confraternizar sobre su relación con los españoles: "Todo está olvidado, me dicen los militares de la Armada aquí". Por confidencial, no detalla el contenido de su trabajo, pero asesoró al Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón. Emplea metáforas bélicas para ilustrar las oscuras dinámicas de los ciberataques —como a los hunos empujando a los germanos a invadir Roma— sin que acierte a decir quiénes interpretarían, en la actual guerra de ciberataques, el papel de los bárbaros. Ha pasado por Madrid para presentar el libro Reinventar la empresa en la era digital de BBVA Openmind, donde escribe sobre cómo el big datatransformará las empresas.

En China hay relaciones muy estrechas entre las empresas de 'big data' y el gobierno: se ayudan y se pasan información mutuamente

¿Cuál es el mayor reto tecnológico que afronta el big data? ¿La capacidad de almacenar datos, la velocidad de transmisión, la conexión entre ordenadores para que trabajen conjuntamente...?

El mayor reto no atañe a la tecnología en sí, sino a los fallos o el mal uso del hardware o el software: a la seguridad. El big datatiene un poder tremendo de hacer el bien, pero solo por lo catastróficas que pueden ser las consecuencias de un fallo —por accidente o por ataque— puede conllevar un problema muy grave. También existe el problema de la privacidad y de quién es el dueño de los datos. Aquí hay mucha ambigüedad. El coste cero de la transferencia de datos de una persona o una institución a otra implica que tus datos pueden terminar en lugares sorprendentes, que ni apruebes, y sobre los que ni siquiera tengas conocimiento o los derechos legales para impedirlo. La cuestión está en el aire. Por ejemplo, las compañías médicas agradecerían un marco legal que ahora brilla por su ausencia.

Un ciudadano de a pie podría decir "y a mí qué". ¿Cuáles son los motivos principales para preocuparse?

El primero, porque el big data puede usarse contra ti. Una compañía de seguros de coches podría usar los datos telemétricos que recoge tu coche para saber si eres un mal conductor o no. Ahora mismo eso sería bueno, porque te podrían decir: "Sabemos que eres un buen conductor y te vamos a ofrecer un descuento", y el cliente se quedaría tan contento, pero, con el tiempo, cuando ya se haya identificado a un número suficiente de personas como buenos conductores, el resto pasará a considerarse, por definición, malos. A partir de entonces el big data se usará no para premiar a los buenos, sino para castigar a los malos. Pero hay un segundo motivo de preocupación. En los datos se pueden descubrir patrones que ninguna información individual revelaría. Nuestra disposición a expresar libremente opiniones, a mantener una independencia política, se ve comprometida. Está el problema del uso de los datos por parte de los gobiernos con afán de protegernos de amenazas terroristas, sí, pero también está la gente a la que se rechaza para un empleo porque a la empresa no le gusta tu Facebook. Hace diez años lo que hubieras hecho en una fiesta de estudiantes tiempo atrás era intrascendente a efectos de tu empleabilidad. Hoy no. Eso cambia la naturaleza de las fiestas estudiantiles. La consciencia de que estamos siendo observados hará que la gente se vuelva conformista y pierda individualidad. Eso, si ocurre, tendrá un coste colosal. Así que necesitamos un marco regulatorio que nos proteja de la tecnología.

La consciencia de que estamos siendo observados hará que la gente se vuelva conformista y pierda individualidad

¿Es factible un marco legal mundial?

En teoría, sí. Hace unos treinta años la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos puso en marcha sus Estándares Federales de Procesamiento de la Información (FIPS en inglés) que regulaban el intercambio de datos como un contrato y que fueron la base de muchas leyes nacionales. La cuestión es que ese marco se ha quedado obsoleto con el big data.y que los gobiernos y las empresas muestran un enorme desacuerdo. Incluso dentro de la Unión Europea lo hay. De resultas de eso, te encuentras con países con leyes muy laxas y a las grandes empresas les puede interesar mover su procesamiento de datos a algún lugar del Caribe porque no le cuesta nada.

¿Una especie de paraísos fiscales, pero para los grandes volúmenes de datos?

Exactamente. Y en ese contexto las grandes empresas tienen que ser cuidadosas, tienen que verse a sí mismas como administradoras de los datos de los usuarios, no como sus dueñas. Si eres administrador tienes obligaciones, reglas éticas. Las empresas tienen que pensar en esas reglas como parte de su marca. No lo hagas porque estás obligado legalmente, hazlo porque forma parte de tu propuesta de marca.

¿Hablamos de reputación?

Sí. La gente de marketing dice "la marca es la promesa que la empresa hace a sus clientes". Apple y Microsoft subrayan que no usan datos personales. La tecnología NFC de los iPhones está diseñada solo para que se puedan transmitir los datos, pero Apple no puede conocerlos. Microsoft puso en marcha una campaña contra Google resaltando que [Microsoft] no usaba los datos. Así que se está convirtiendo en parte de la estrategia de las marcas, de la competencia entre ellas.

Asumiendo que antes o después las compañías que no sean transparentes recibirán un castigo, ¿quién lo ejercerá antes: la ley o los consumidores?

Depende de la geografía. Los países que son grandes reguladores se verán a sí mismos como adalides de los consumidores, y es probable que los consumidores dejen descansar en ellos su protección. Pero en otros países sucede justo lo contrario: nadie tiene muchas esperanzas de que los reguladores hagan algo, así que habrá movilizaciones de comunidades de consumidores. De este segundo caso, Estados Unidos es un ejemplo. Del primero, los países escandinavos.

Los mejores operadores de 'big data' serían en primer lugar, los de Estados Unidos; en segundo, los de Reino Unido; y después, aunque no sabemos mucho de ellos, Rusia e Israel

¿Qué opina del fenómeno de las compañías especializadas en proteger de ciberataques que pasan información a sus gobiernos nacionales antes que a sus clientes?

En varias partes del mundo, eso ocurre sin lugar a dudas. En Estados Unidos, donde vivo, es más bien un problema. Existe esa suposición de que allí las grandes compañías hacen lo que quieren sin la ayuda expresa del gobierno, pero en otros muchos países, como China, que es quizá el mejor ejemplo, hay relaciones muy estrechas entre las empresas de big data y el gobierno: se ayudan y se pasan información mutuamente. El gobierno tiene interés en la seguridad y espera ayuda de las empresas. Las empresas quieren obtener ventajas frente a competidores externos y quieren que el gobierno promulgue leyes a su medida. Así que no quepa duda de que esta cuestión está en marcha y de que muy probablemente se va a intensificar. Hay un ingrediente de balcanización. Por un lado, tenemos un marco económico que beneficia a los googles, los facebooks, los apples que es contrarrestado por la habilidad de las compañías nacionales en colaboración con sus gobiernos para que dicten leyes contra las compañías globales. Así es, en parte, cómo se está librando la partida.

¿Y dónde se libran las batallas de esta guerra por el big data?

Hmmm, algo sé de ese tema, pero por desgracia no puedo hablar de ello. Digamos que las mayores vulnerabilidades son para las empresas, no para las personas. Obviamente, también los gobiernos y las fuerzas militares son objetivos, pero de dónde vienen esos ciberataques, dónde está la persona que teclea, casi no importa, aunque sabemos que en gran parte están en la Europa del Este. Lo que importa son los vectores de ataque, qué vulnerabilidades podemos identificar. Lo triste es que se destinan enormes recursos para descubrirlos, pero los ataques cuentan con ventajas tácticas. Atacar es, por definición, algo más fácil —y, al final, más letal— de readaptar que sudar sangre intentando tapar los agujeros del barco. A la larga, lo que importa es saber si todo se va a pique por esto. La civilización romana cayó cuando la caballería fue más eficaz que la infantería. Aquella gente que llegaba del centro de Asia con una civilización en aparencia menos desarrollada aplastó al Imperio Romano por la incapacidad defensiva contra aquel ataque. Hoy, en tecnología, la ventaja competitiva la tienen los que atacan. La respuesta es reducir el acceso a tus datos, pero también disminuir su concentración.

Ponga un ejemplo de buena protección.

¿Está diciendo que la mejor medida de protección es el total aislamiento?

Es la más drástica, pero sí, es la mejor. No hay lugar a duda.

Para usted, ¿qué compañías ofrecen más garantías?

Es una pregunta muy, muy difícil de responder. No hay estadísticas sobre los riesgos de que ocurra un desastre. Simplemente se sabe una vez ha ocurrido, de un día para otro. Con casi total seguridad los mayores proveedores de servicios en la nube, como Microsoft y Amazon, prestan una protección mucho más sofisticada que los sistemas de gestión descentralizados de los departamentos de informática normales pero ¿cómo los controlas? [Los grandes proveedores] concentran —en una organización, no en un sitio físico— la información. Si ocurre alguna catástrofe, su coste será mucho mayor.

¿Y los gobiernos nacionales? ¿Cuáles son más conscientes de los problemas de seguridad?

Creo que los mejores operadores de big data serían en primer lugar, los de Estados Unidos; en segundo, los de Reino Unido; y después, aunque no sabemos mucho de ellos, Rusia e Israel. Pero, por otro lado, en EE UU ese alto nivel de sofisticación se encuentra en la defensa y la seguridad (la Agencia Nacional de Seguridad, NSA), pero en el manejo de datos de la seguridad social o de la información de seguros, como el Obamacare, es otra historia.

"El coche sin conductor va a revolucionar la industria"

Si se le pregunta a Philip Evans por el logro tecnológico más revolucionario delbig data que espera ver en los últimos años, la traslada al ámbito de los negocios: "Piense en algo como el coche sin conductor: Es una combinación de tecnología, con big data, tecnología de sensores y mucha inteligencia artificial. ¿Es revolucionario o no? Bueno, pues depende de si lo que hacemos es añadir prestaciones a los coches que ya existen y cobrar cien dólares más por ellos. Eso es sustentar un modelo negocio y hacer que la gente pague más. Pero ¿y si de lo que hablamos es de un coche que de verdad se conduce solo, como el de Google? Costaría 150.000 dólares [133.000 euros], pero puede circular 24 horas al día frente al 4% de un coche normal. Ahí sí que se revoluciona algo, la economía del transporte. Ya no tendremos coches en propiedad nunca más. Los compartiremos entre varios y si varios lo necesitamos a la vez, el big data nos indicará a qué amigo pedirle un tiempo del suyo. El cambio revolucionario no sería tecnológico, sería en el modelo de negocios. Ya no existiría el negocio automovilístico, sino el negocio del transporte".

¿Apostaría Evans por que eso va a ocurrir? "El marco legal, no la tecnología, es la clave. Podría ser algo inmensamente revolucionario pero solo cuando se alcance el punto en que el fenómeno sea autónomo por completo. Hasta entonces solo será continuista. Va a ser fascinante observar este juego".

 

“Los gobiernos entienden que ya no se puede controlar el flujo de información”

El pionero de las enciclopedias virtuales imparte en Madrid una lección magistral sobre transformación digital

·         “La comunidad de la Wikipedia trata de ser neutral, no es machista”

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JOSÉ MANUEL ABAD LIÑÁN Madrid 5 MAY 2015 - 10:16CEST

 

Lo suyo no es la geolocalización, al menos su versión analógica. "No sé ni dónde me encuentro. Me han traído aquí, y desde aquí me llevarán a otro sitio". Jimmy Wales (Alabama, 1966) se explaya en una larga conversación con EL PAÍS en el interior de una carpa alojada en el Palacio de Cibeles, fastuosa y quizá provisional sede del Ayuntamiento de Madrid. Es el gurú estrella de la Accenture Digital Conference, que impartirá poco después de la entrevista. No se priva de comentar la influencia de la tecnología en el auge de las protestas sociales y confiesa que entra a editar artículos de la Wikipedia a menudo, aunque no recuerda ni el primero ni el último. Acude a leer la enciclopedia virtual tanto como un usuario medio. "Todos los días", recalca, por si no quedase claro.

Con el ritmo de crecimiento de nuevos artículos en Wikipedia, ¿le preocupa que el conocimiento quede demasiado fraccionado?

La verdad es que no. Por el tipo de clasificación de los contenidos y por los hipervínculos. También por los wikiprojects, que usamos para organizar el conocimiento de un gran área, como la medicina. Fraccionar el conocimiento no supone un gran problema. Puedes empezar por una parte y luego la conectas con el resto. Así funciona el conocimiento, en realidad.

¿Hay algún tipo de forma emergente de conocimiento que escape de Wikipedia actual? ¿Quizá los datos?

Sí, por supuesto. Y no hay que irse a los datos, sino a otras formas más tradicionales. Hay mucho conocimiento que per se no pertenece a una enciclopedia: las recetas, las críticas de cine… También lo son los horarios de autobús, pero esto ya te lo da una app, no pertenece a Wikipedia. Pero sí, hay muchos datos interesantes y tenemos un proyecto, Wikidata, que aborda cómo incorporarlos y usarlos con sensatez en Wikipedia.

Estamos en una época interesante para la censura: en el pasado los gobiernos creían de verdad que podían impedir que la gente se enterase de las cosas y ahora todo lo que pueden hacer es evitar que hablen demasiado"

¿Podría citar un ejemplo?

Aún es un sueño para nosotros, pero cuando se publican nuevos datos de población tras un gran censo, de Madrid por ejemplo, deberíamos ser capaces de actualizarlos en Wikipedia y que esos datos quedasen actualizados en todos lados. Estos pequeños fragmentos de conocimiento, como los datos, son tan universales y tan directos que tenemos que ser capaces de actualizarlos rápidamente y a escala global. Ahora tienen que actualizarlos mucha gente distinta, en diferentes idiomas.

¿En qué estado está ahora el proyecto?

Hay mucha gente introduciendo datos. Diría que ya hemos terminado la construcción del conjunto de datos, pero la interfaz de programación para los usuarios aún es muy rudimentaria. Es algo en lo que debemos enfocarnos. Aunque a veces solo quieres saber la edad de Tom Cruise (ríe) y pare eso no necesitas una entrada completa de enciclopedia. También está Google Graphic Knowledge, los esquemas a partir de datos. Quizá podamos hacerlos accesibles más allá de Google. Google tiene los recursos para construir un superrobot que lea los contenidos de Wikipedia y extraiga la información, pero tenemos que conseguir facultar a todo tipo de personas para que interactúen con los datos.

Wikipedia es un proyecto colaborativo que surgió mucho antes de las redes sociales, pero con su auge, ¿no prevén ningún modo de integración con ellas? ¿Quizá nuevas funcionalidades de Wikipedia?

Me parece improbable. Wikipedia debe ser neutral e independiente, y eso [la integración en redes] suscitaría preocupación entre nuestras comunidades de editores por la privacidad de sus datos, por que se usara Facebook para ver lo que cualquiera está haciendo en Wikipedia. Hace poco leí un artículo interesante sobre información de salud online y sobre cuántos rastreadores de publicidad encuentras en los mayores sitios de información de salud. La cosa es que el motivo por el que consultas es algo muy privado, pero repercute en el tipo de publicidad que visualiza la página, y que puede darte vergüenza o enfadarte. Wikipedia es uno de los pocos lugares con cero rastreadores, de cualquier tipo. Cuando lees Wikipedia es una cosa privada tuya. Muchas de las posibles integraciones con las redes sociales que podamos imaginar podrían comprometer ese marchamo de privacidad.

Tenemos el poder de hacer vídeos, pero estamos retransmitiendo, sin encriptar, nuestras vidas"

¿Cree que la tecnología ponible, los wearables, serán un éxito o solo flor de un día?

[Wales se descubre las muñecas y muestra que no lleva nada, ni siquiera un reloj]. Tuve una Fitbit (pulsera que mide la actividad física= y alguna otra pero dejé de usarlas después de un tiempo. Debería volver a ponerme en forma [ríe], pero son muy primitivas en comparación a lo que podemos imaginar. Mire esto [muestra su móvil]. Lo llevo siempre en mi bolsillo. No lo llevo puesto, pero casi siempre está en mi mano y me sigue intrigando. Soy un poco escéptico sobre los relojes inteligentes, porque tienen una pantalla pequeña y no estoy seguro de para qué los usaría, pero al mismo tiempo me conozco y sé que no suelo entender para qué sirve una tecnología hasta que la pruebo.

¿No se le ocurre ninguna idea para integrar Wikipedia en loswearables?

Desde luego nuestra app [de Wikipedia] está mejorando continuamente. Aquí estoy yo, en Madrid, y tengo unas cuantas horas esta tarde para un paseo, pero quiero ver algo y no sé lo que hay alrededor, no sé ni dónde me encuentro. Me han traído aquí y desde aquí me llevarán a otro sitio. Una guía de viajes es una cosa y una enciclopedia es otra, pero me gustaría que tuviera la capacidad de decirme qué hay a mi alrededor y que esa funcionalidad estuviera en la app. Algo que uniera geolocalización e información histórica. Eso es lo que me interesa. Cuando hablamos de wearables todo el mundo piensa en relojes, pero hace un par de años nos referíamos a las Google Glass, que más bien se han desvanecido, porque era una tecnología demasiado precoz. Jugué con ellas…

¿Qué le parecieron?

Un poco burdas, pero para algunas cosas podrían resultar interesantes, como por ejemplo para el reconocimiento de rostros. Por otro lado, eso tendría implicaciones en la privacidad, porque si entras en una habitación y tus gafas localizan a gente por Facebook...

Sostiene que Wikipedia seguirá siendo un sitio sin publicidad, pero ¿no ha pensado en algún modo de que los editores puedan obtener dinero de su trabajo?

No, la verdad es que no, no me parece interesante. No es algo que nos haya pedido nuestra comunidad. Si pagas lo que a un periodista, pueden escribirte algo que sea precario por la urgencia, pero al menos la escritura tendrá calidad. Esa calidad también puede darla la pasión: si alguien es apasionado sobre una cuestión y quiere escribir sobre ella, lo hará aunque los ingresos por publicidad sean muy bajos. Ese es el motivo de que los wikipedistas [los editores de la enciclopedia] revisen el trabajo de otros. De ahí puedes obtener información muy neutra, no como en un blog "apasionado". Cuando seguro que solo se obra un desastre es cuando se paga muy poco a alguien para escribir sobre algo no le importa. Si una compañía a la que solo le interesa chascar los dedos para conseguir clics descubre que a la gente le interesa el tema “cómo lavar un caniche” y paga 3 dólares para que escriba algo pequeño, solo se escribirá alguna mierda. Así solo se consiguen anzuelos para los motores de búsqueda. Eso crearía una dinámica que no sería saludable para escribir una enciclopedia.

¿Se podría extender a otros ámbitos?

Sí, de algún modo. EL PAÍS podría empezar a ofrecer dos euros por doscientas palabras para que la gente escriba cosas incendiarias... [Ríe ] Eso dañaría la perspectiva general, lo dañaría todo. no tendría sentido.

Hacemos lo que podemos. Nuestra postura ha sido siempre la de no colaborar jamás con la censura y hablamos en público contra eso. Para nosotros lo central es que se entienda que la libertad de expresión es lo fundamental, aunque no puedas abogar por algunas ideas terribles. En la mayoría de lugares se entiende esa diferencia, pero no en todos los sitios. Hemos hecho alguna gestión de tipo diplomática, sí. En China, por ejemplo, hablamos con el Ministro del Aire.

¿Cómo se acercan a estos altos cargos?

En el caso de China, yo mismo con un grupo de gente, pero no tenemos un programa de lobbying sofistitcado. Intento conocer a líderes de muchos lugares distintos para discutir este problema con ellos.

¿Qué es lo que más temen?

Eso varía en función del país. En China, al final todo gira en torno al control. Tienen miedo de perderlo, como gobierno central autoritario. En otros lugares, el miedo es más cultural.

¿Por ejemplo?

Arabia Saudí. Tienen miedo de que se se produzca un escándalo si dejan publicar algo, aunque quienes estén en el poder tengan formación y sean refinados. En otros sitios el temor es muy obvio: que la posición que defiende la oposición se vuelva popular. Uno de los aspectos interesantes sobre la censura hoy en día es que la mayoría de los gobiernos entienden que ya no se puede controlar el flujo de información, que lo máximo que pueden hacer es mandar una señal. Nuestra entrada sobre Liu Xiaobo, premio Nobel de la Paz [en prisión por su disidencia], está bloqueada. No es que [el Gobierno chino] piense que nadie con formación en China ignora quién es, pero quieren mandar la señal de que no se puede hablar en una conversación doméstica de ello, ni ponerlo en un blog o un periódico, porque pueden cerrarlos. Estamos en una época interesante para la censura: en el pasado los gobiernos creían de verdad que podían impedir que la gente se enterase de las cosas y ahora todo lo que pueden hacer es evitar que hablen demasiado.

No le hizo gracia que se usara el prefijo wiki para bautizar el fenómeno wikileaks, pero ¿de qué manera ayuda Wikipedia ayuda a restaurar la salud democrática de los países occidentales?

Cuando lees Wikipedia es una cosa privada tuya. Muchas de las posibles integraciones con las redes sociales que podamos imaginar podrían comprometer ese marchamo de privacidad"

Intentamos mantenernos lo más apolíticos posible, excepto en lo que respecta a asuntos cruciales como la libertad de expresión o la libertad en Internet. Hemos asistido a las revoluciones de Twitter y Facebook, fenómenos potentes e importantes. La gente ahora tiene la herramienta y la capacidad para formarse acerca de los problemas. Esperemos que [si desde Wikipedia] hacemos un buen trabajo y damos a la gente información de fondo y contextos históricos ayudemos a conformar mejores ciudadanos democráticos.

¿En qué aspectos?

Hay muchos problemas importantes sobre el futuro, como el cambio climático. En EE UU está muy politizado. Es muy difícil leer información sosegada y basada en hechos. Ahí es donde está nuestra fortaleza. Solemos pensar en la Primavera Árabe, pero también podríamos centrarnos en un problema enorme para mí: las clasificaciones de popularidad de los congresistas en EE UU. Su popularidad ha llegado a hundirse por debajo del 10% de gente que opinaba que lo hacían bien. Y al mismo tiempo llegan las elecciones y el 99% salen reelegidos. Eso te dice que algo se ha roto: la gente está muy descontenta con sus políticos pero aun así no parecen capaces de votar a otros distintos. Por otro lado estamos viendo protestas yaltercados como los de Baltimore, o antes los de Ferguson. Gran parte de lo que pasa ahora se debe a que todo el mundo ya tiene una cámara, incluso los más pobres ahora, y un teléfono inteligente, y eso significa que se hará caso al comportamiento profundamente incorrecto de la policía en las comunidades minoritarias. En EE UU tenemos una expresión, “driving while black” [un juego de palabras con el delito “driving while intoxicated”, “conducir bajo los efectos de drogas o alcohol”, que podría traducirse como “conducir siendo negro”]. Significa que a un negro puede ir a la cárcel por algo por lo que a mí, como blanco, solo me darían un toque. La policía cada vez tiene más equipamiento militar. Los ciudadanos han elevado su voz a través de los vídeos virales; no sé adónde nos llevará esto, ojalá que a algo bueno. Espero que la gente llegue a entender que el gobierno puede asustarnos hablándonos de terrorismo, pero que cuando compran equipaciones semimilitares la usan contra gente corriente, contra un pobre muchacho negro que hace un comentario de listillo que yo podría hacer perfectamente, pero a él lo golpean. El lado negativo de este auge tecnológico es la supervisión a la que nos somete la NSA [la agencia nacional de seguridad estadounidense].Tenemos el poder de hacer vídeos, pero estamos retransmitiendo, sin encriptar, nuestras vidas.

Usted vive en Londres. Hace algunas semanas saltó el escándalo de que un político conservador británico, Grant Schapps, había usado un perfil falso para manipular su artículo en Wikipedia a su favor. ¿No pueden usar perfiles verificados o eso desalentaría a los editores?

Algo se ha roto: la gente está muy descontenta con sus políticos pero aun así no parecen capaces de votar a otros distintos"

Es un problema importante, pero no tenemos problema con que la gente se haga pasar por alguien popular, porque la comunidad rápidamente averiguará si lo es o no. Si alguien dice: "Hola, soy Hillary Clinton y he venido a editar la Wikipedia", inmediatamente contactaremos con gente para que compruebe si es real. [En el caso de Schapps] el problema es el contrario: alguien popular que quiere hacerse pasar por un desconocido. Solo tenemos pruebas circunstanciales. Nosotros intentamos mantenernos al margen de la política y creemos que meter la pata en Wikipedia no debería ser algo noticiable. Siento simpatía por los monarcas [ríe], que pueden mantenerse al margen porque no es apropiado.

¿Cómo ve Wikipedia a cinco años vista?

Vamos a asistir a un auge de los idiomas pequeños —pequeños en Wikipedia, pero no en el mundo— con la conexión a Internet de los próximos 2.000 millones de personas. Construirán Wikipedia en sus idiomas. A los occidentales no nos afectará que crezca la Wikipedia en hindi, pero tendrá un impacto en el mundo. Vamos a dedicar mucha atención para apoyarlo. Y en cuanto a lo que vamos a ver en nuestro sitio es un entorno de edición modernizado. Ya está en marcha.

¿Para hacerlo más sencillo de usar?

Sí, eso queremos. Ahora el lenguaje wiki es más sencillo que antes, pero resulta todavía complejo. Tiene que parecerse más a un procesador de textos. Eso supone un reto técnico enorme para nosotros y estamos invirtiendo cada vez más recursos en desarrollarlo. Ya desarrollamos una versión y fue un error, era demasiado pronto: la gente nueva se metía a reeditar artículos, los rompían sin saberlo, y eso supuso que los editores expertos tuvieran que repasarlos uno a uno y repararlos, con el consiguiente enfado. Ahora queremos que el nuevo editor sea perfecto al cien por cien. Y que la gente pueda escoger si editar con el antiguo o con el nuevo.

¿Cuándo lo veremos?

Es difícil de saber, crecemos incrementalmente. Estamos haciendo muchos tests...

¿Cuál es el proyecto más interesante en el que está embarcado ahora?

Estoy trabajando en una empresa que se llama The People's Operator, una compañía virtual de teléfono. Hemos salido ya en Reino Unido y en un par de meses esperamos lanzarla en Estados Unidos. Cuando te apuntas a la compañía el 10% va a una causa social que escojas y el 20% de los beneficios de la compañía va a proyectos altruistas. Nuestros precios son bajos para batir a nuestros competidores. Para reducirlos no gastamos nada en marketing, trabajamos con un esquema online y viral. Para eso estamos construyendo una nueva plataforma de redes sociales, que intenta aportar todo lo que hemos aprendido de mi experiencia con las wikispero también de Facebook y Twitter, para extender el mensaje de que si ahorramos en publicidad podremos gastar el dinero en algo que te preocupa. Ahora estamos invitando unos cuantos cientos de usuarios en la plataforma que lo están testando. Tras una búsqueda aleatoria de clientes les preguntamos para qué la usarían y para qué no. Es la primera vez en mucho tiempo que tengo un trabajo de verdad, pero me siento con los desarrolladores cada día y estoy haciendo el diseño. Lo estoy disfrutando.

 

 

 

Más disciplina para los cursos

El Gobierno reforma para acabar con el fraude y mejorar la efectividad de la formación

FERNANDO BARCIELA 27 ABR 2015 - 18:23CEST

 

Los cursos de formación para el empleo, gestionados por comunidades autónomas, empresas y agentes sociales, se han saltado a las primeras páginas de los periódicos por su importancia social y por los escándalos que han asolado al sistema. Inexistentes hace 30 años, ya que el sistema arrancó en 1992, estos cursos mueven 2.300 millones de euros al año, “unos 1.800 millones de euros procedentes de las cuotas de formación del 0,7% en la nómina, otros 380 millones del Presupuesto del Estado y 100 millones más del Fondo Social Europeo”, según explica María Mateo, asesora de la Secretaría de Estado de Empleo.

Pese a que el 85% de los trabajadores se declaran satisfechos con los cursos tras recibirlos, lo cierto es que no gozan de buena imagen. La absoluta falta de control sobre el sistema los han puesto en el disparadero. Tanto que hasta los sindicatos reconocen la necesidad de la reforma. “No tenemos dudas de que había que actualizar un modelo que viene de hace 22 años”, admite Teresa Muñoz, secretaria de Formación de UGT. Y apoya Javier López, secretario de Formación de CC OO: “Las irregularidades, desde fraudes a cursos mal hechos, han deteriorado la imagen de esta formación, lo que imponía un cambio”.

La situación había alcanzado tales cuotas de ‘alarma social’ que ningún Gobierno hubiera podido evitar el cambio. Tras 20 meses de negociaciones con comunidades autónomas, patronales y sindicatos (sin acuerdo), el Ejecutivo ha puesto en marcha la reforma con la aprobación de un decreto ley el 20 de marzo, convalidado esta semana por el Congreso. Aunque Mateo sostiene que se había iniciado con la reforma laboral de 2012.

Los últimos escándalos protagonizados en Andalucía y Madrid con los fondos públicos de la enseñanza han obligado a la revisión del modelo

Los dos grandes objetivos del nuevo modelo son acabar con el fraude y mejorar la eficacia de estos cursos, otro de sus grandes talones de Aquiles. De ahí que se centre en las tres patas del sistema: en los cursos gestionados públicamente (por las autonomías); la formación bonificada en las empresas; y los programas de la Fundación Tripartita, gestionados hasta ahora por patronales y sindicatos. Respecto a la efectividad, la transformación también se hacía urgente, porque hay menos dinero para distribuir que hace años, lo que obliga a ser eficientes. “Hace años teníamos 2.300 millones del 0,7% de la nómina para formación”, apunta López. Casi un 30% más que ahora.

Mayor control

Buena parte de los esfuerzos buscan lograr un mayor control de la forma en que las autonomías gastan el dinero que se les distribuye y que procede de las cuotas de formación que pagan trabajadores y empresas en la nómina. Esta área es el que se lleva la parte de león y en el que ha protagonizado mayor descontrol. Pese a que las comunidades autónomas deberían informar a Empleo de forma detallada sobre cómo gastan el dinero, la realidad no es así. “Había cierta información”, explica la asesora de la Secretaria de Estado de Empleo, “pero muy insuficiente. El Ministerio sabía vagamente lo que se estaba haciendo en cada comunidad, pero nada respecto qué convocatorias, qué cursos, dónde o cuándo o cuánta gente se formaba, o el impacto real de esta formación”.

Y el sistema se vio desprestigiado por infinidad de denuncias de irregularidades en la impartición de las clases y una serie de affaires, en Andalucía o Madrid, producto de esa falta de control. Asuntos que, por otra parte, ya se habían producido en distintas ocasiones y años atrás aunque quizás no con tanto impacto como el actual.

Por ello a partir de ahora habrá una serie de mecanismos de control, informatizados, que permitirán el seguimiento de los cursos en tiempo real. “Este primer semestre estará listo un sistema completo, con un registro de todas las entidades y centros y de las distintas modalidades formativas; habrá una cuenta formación [como ya anunció en 2012 la reforma laboral], un registro que va a acompañar a cada trabajador en su carrera profesional a modo de currículo sobre la formación recibida”, dice Mateo. Está previsto un portal de acceso público, en el que se expondrá la oferta formativa, por comunidades y centros. “El sistema incluye un compromiso de evaluación permanente. Y las autonomías serán responsables de medir su impacto sobre la empleabilidad del trabajador”, agrega. Se limita la posibilidad de pagar los cursos por adelantado al 25%, antes era el 100%. Y habrá una unidad de control, dentro de la Inspección de Trabajo.

Cheque para parados

Las autonomías que lo deseen podrán crear un cheque para los desempleados que, en lugar de ser enviados a un centro, pueden elegir el que prefieran y pagar con este cheque. La CECAP, la patronal de los centros de formación que agrupa al 65% del sector, considera muy positivo el cheque de formación. “Obliga a los centros a mejorar para que nos elijan”. Los sindicatos lo ven con reservas, pues el modelo “se ha intentado en Reino Unido y dio lugar a mucho fraude”, según Javier López.

Otro de los frentes es el de las subvenciones para cursos a patronales y empleados a través de la Fundación Tripartita. También aquí se han destapado diversos escándalos reciente y no tan recientemente. La Fundación Tripartita, participada por el Estado y los agentes sociales, repartía hasta ahora los fondos entre estos, que tenían autonomía para gastarlos. Sin excesivo control. Además de participar en el diseño y planificación de la formación, los agentes sociales podían impartir formación (a través de fundaciones o centros propios) o adjudicarlos a centros externos, privados, sin concurso.

Esta falta de control dio lugar a irregularidades. Los cambios aquí se iniciaron con la reforma laboral, cuando se establece que a los fondos de la Tripartita puedan acceder no solo los agentes sociales sino también los centros privados. Actualmente los fondos asignados ya no los podrán gestionar directamente, sino que el Servicio de Empleo Público Estatal (SEPE) los distribuirá por los centros acreditados a través de concursos. Para los agentes sociales esto es un contratiempo. Pese a que han creado sus entidades de formación, si quieren seguir impartiendo cursos tendrán que presentarse a los concursos en concurrencia. El problema es que los centros ligados a los agentes sociales carecen, por lo general, de la eficiencia que sí muestran los privados, según la Administración.

Otro rol

Así se justifica el desplazamiento de sindicatos y patronales de la gestión del sistema. Aunque, para Mateo, “tendrán un papel en la formulación del plan plurianual de empleo, donde se establecerán las necesidades actuales y futuras del tejido productivo y las áreas de formación prioritarias, ya que son ellos los que tienen la capilaridad y conocimiento directo”. Un papel que, para CC OO, es insuficiente. “Queremos estar presentes en el diseño, control y seguimiento de los cursos”, explica López. Y Teresa Muñoz, de UGT, se queja de que “esperábamos una participación más decisoria”.

En la llamada formación bonificada las cosas se van a mantener parecidas a como estaban. Los cursos impartidos por las empresas y financiados a través de bonificaciones que derivan del pago del 0,7% en las cuotas de formación en la nómina se llevan cerca de 650 millones de euros al año. Los sindicatos se han mostrado molestos con este punto. “Han mantenido esa formación en las empresas sin control de ningún tipo. El empresario puede gastar el dinero como le dé la gana”, según CC OO, que critica que “antes no se bonificara ningún curso de menos de cuatro horas y ahora se puedan dar con una hora”. La reforma busca meter a las microempresas en el sistema, justifica el Gobierno, ya que “el 90% de las grandes empresas hacen formación, pero solo el 25% de las micro”, señala la asesora del Ministerio de Empleo, “de ahí que hayamos agilizado el sistema para que estas puedan entrar y formar a sus trabajadores”.

Las empresas no han sido las únicas beneficiadas por la reforma. En la CECAP, que agrupa a 2.000 empresas con unos 25.000 trabajadores, la han recibido muy bien “porque creemos que esa concurrencia competitiva va a ser buena para nosotros y para los trabajadores, que accederán a una oferta más amplia y de mayor calidad”, sostiene Javier Jiménez Ortiz, su presidente, que también celebra la puesta en marcha de los planes plurianuales de formación, “lo que nos dará la certidumbre para hacer inversiones a medio plazo”.

Los autónomos entran en el sistema

Los autónomos también están satisfechos. José Luis Perea, vicepresidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), opina que “nos abre posibilidades de formación que no teníamos”. Al no cotizar por formación, los trabajadores por cuenta propia dependían para sus cursos de partidas presupuestarias que habían pasado de 12 millones de euros antes de la crisis a solo 3 millones, lo que significa que “solo formamos unos 6.500 autónomos al año, es decir, uno por cada 450”. El estar en el sistema también “nos permitirá participar en la planificación y diseño de los cursos”, explica. Hasta ahora, los autónomos habían de utilizar cursos pensados para los empleados, “aunque tenemos otras necesidades formativas, y agendas más apretadas, que no nos permiten cursos de la misma duración o frecuencia”, indica. Claro que los autónomos tendrán que cotizar ahora por formación, pero Perea considera que la suma será muy pequeña. “En el caso de un autónomo sin empleados, será el 0,1%, unos 12 o 14 euros al año”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REDES SOCIALES

Facebook hace frente a una demanda masiva por uso de datos privados

25.000 usuarios reclaman a la red social una indemnización por violar su privacidad

El activista austriaco Max Schrems se dirige a los medios tras defender su demanda contra Facebook.

Cada usuario pide solo 500 euros pero, multiplicados por los 25.000 que la reclaman, se disparan a 12,5 millones de euros. Los demanda a Facebook un colectivo liderado por un activista y estudiante de derecho austriaco de 27 años, Max Scherms, por la violación de la privacidad de sus datos. En la vista previa a la admisión de la demanda, Facebook hizo valer un supuesto incumplimiento de requisitos técnicos ante el juez, que tomará una decisión por escrito antes del verano.

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Los demandantes acusan a Facebook de violar sus derechos por acumular datos sensibles (lo que se denominan perfiles en la sombra), el uso del botón me gusta para rastrear usuarios en cualquier web que lo contenga o el cambio frecuente de políticas no convenientemente comunicadas. En la página web de Europa contra Facebook, el nombre que el colectivo de usuarios ha elegido para denominar su acción, se incluyen estas y otras quejas, hasta sumar 22 distintas.

"La demanda es inadmisible desde un punto de vista de procedimiento. Es injustificada en su contenido", esgrimió Nikolaus Pitkowitz, abogado de Facebook, durante las cuatro horas en la que los letrados de la red social trataron de convencer al juez de que paralizara la admisión de la demanda, según informa Reuters. Facebook argumenta que Schrems ni siquiera es usuario de la red, pero él afirma que sí.

Schrems contraatacó afirmando en su web que Facebook emplea "una estrategia típica para ralentizar el proceso, porque la mayoría de consumidores agotarían su tiempo y dinero", si bien aseguró que el colectivo de demandantes cuenta con un respaldo financiero que, en caso de perder el juicio, les evitaría los costes.

La baja cuantía reclamada por los 500 euros es, para Schrems, una declaración de intenciones del colectivo: "El foco es que las compañías digitales estadonidenses tienen que atenerse a las leyes y cumplir con los derechos fundamentales como cualquiera. Ahora mismo tenemos toda una industria que opera muy, muy lejos del marco legal. Y esto es también un asunto de juego limpio empresarial: las compañías que se atienen a la ley están en desventaja". Schrems no aclara la posición que tomaría el colectivo en caso de que Facebook le ofrezca un acuerdo para no llegar a juicio: "No es el caso aún. Dudo también de que Facebook ofrezca atenerse a las leyes sin que un tribunal les obligue". La compañía ha declinado hacer declaraciones al respecto.

Estas reclamaciones coinciden en varios puntos con las conclusiones que la semana pasada detallaba un informe de la Comisión de Privacidad Belga. Tampoco es una iniciativa aislada: forma parte de una acción conjunta a nivel europeo de las agencias de protección de datos.  

Las Autoridades reafirman que la extensión y el carácter indiscriminado del tratamiento de datos previsto en el PNR europeo puede debilitar seriamente los derechos a la protección de la vida privada y de los datos personales de todos los viajeros.

 

Madrid, 6 de febrero de 2014. El Grupo de Autoridades europeas de protección de datos (GT29) ha hecho pública una declaración conjunta en la que expresa su opinión acerca de la eventual creación del Registro europeo de datos de pasajeros (PNR, por sus siglas en inglés). Las Autoridades de los Estados de la UE han debatido esta cuestión en su reunión plenaria celebrada los días 3 y 4 de febrero en Bruselas basándose en los análisis realizados en dictámenes anteriores del Grupo.

 

Las Autoridades europeas de protección de datos han reafirmado que la extensión y el carácter indiscriminado del tratamiento de datos previsto en el PNR europeo para luchar contra el terrorismo y la delincuencia grave puede debilitar seriamente los derechos a la protección de la vida privada y de los datos personales de todos los viajeros, derechos estos reconocidos por los artículos 7 y 8 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

 

El Grupo de Autoridades recuerda que, por principio, no está ni a favor ni en contra de esquemas de recogida de datos de viajeros del tipo PNR. Sin embargo, tal interferencia en los derechos fundamentales solo resultaría admisible si se demostrase su necesidad y se respetase el principio de proporcionalidad.

 

En el caso de que se acreditase la necesidad de un PNR europeo, el esquema debería ofrecer suficientes salvaguardas de protección de datos a fin de asegurar la proporcionalidad tanto de la recogida como del uso subsiguiente de los datos PNR. El Grupo del Artículo 29 ya ha señalado  algunas de esas posibles garantías en anteriores opiniones. Los miembros del GT29 están, por tanto, dispuestos a tener una participación constructiva en las discusiones sobre cualquier futuro esquema PNR y asegurar así su respeto a la Carta de Derechos Fundamentales y al marco europeo de protección de datos.

 

Acerca del Grupo de Trabajo del Artículo 29

 

El Grupo de Autoridades europeas de protección de datos -Grupo de Trabajo del Artículo 29- es el grupo consultivo compuesto por representantes de las autoridades nacionales de protección de datos de los Estados miembros, el Supervisor Europeo de Protección de Datos y la Comisión Europea. Sus funciones están descritas en el Artículo 30 de la Directiva 95/46/EC y el Artículo 15 de la Directiva 2002/58/EC. El Grupo de Trabajo del Artículo 29 está facultado para examinar cualquier cuestión que esté relacionada con la aplicación de las directivas en materia de protección de datos para contribuir a la aplicación uniforme de las mismas. Desempeña sus funciones emitiendo recomendaciones, dictámenes y documentos de trabajo sobre las cuestiones relevantes que afectan a la protección de datos personales.